La Psicología ofrece un espacio de apoyo emocional durante el embarazo y los primeros meses de crianza. Ambas etapas suelen presentarse como exclusivamente felices y, aunque para muchas personas lo son, para otras implican situaciones muy intensas que manejar.
El embarazo y el posparto implican cambios hormonales, físicos, emocionales, personales y de pareja que pueden resultar muy intensos. Es completamente normal necesitar acompañamiento para atravesar este periodo de una forma saludable. La psicología perinatal se ocupa precisamente de acompañar esa parte de la maternidad y la paternidad de la que todavía se habla poco y que no suele abordarse en las habituales charlas prenatales.
En Centro Clínico Plexum te explicamos qué procesos pueden suceder durante el embarazo y posparto y cómo la psicología puede acompañarte en un proceso de pérdida.
Son motivos de consulta muy frecuentes durante el embarazo la ansiedad ante el parto, el miedo a no «hacerlo bien» como madre o padre, los cambios en la relación de pareja que trae consigo la espera de un hijo, o los duelos de embarazos anteriores (pérdidas gestacionales, tratamientos de fertilidad previos).
Trabajarlos antes del parto —en lugar de esperar a que «se solucionen solos»— ayuda a llegar con más recursos emocionales al posparto, que es cuando más se necesitan.
Durante el posparto es esperable cierta labilidad emocional los primeros días tras el parto (el llamado baby blues): llorar sin motivo aparente, sentirse desbordada, cambios de humor bruscos. Suele remitir sola en una o dos semanas y afecta a la mayoría de las mujeres en algún grado.
Sin embargo, la depresión posparto es distinta: se mantiene en el tiempo más allá de esas primeras semanas, interfiere con el vínculo con el bebé y con el autocuidado básico, y no mejora sola con el paso de los días. Reconocerla a tiempo y pedir ayuda no es un fracaso como madre —es exactamente lo contrario, y cuanto antes se aborde, mejor pronóstico tiene.
No hace falta esperar a un cuadro clínico severo ni a cumplir criterios diagnósticos concretos para merecer acompañamiento psicológico en esta etapa.
Muchas mujeres (y también padres) acuden a consulta simplemente porque sienten que «algo no encaja» con lo que esperaban sentir —agobio constante, irritabilidad que no reconocen en sí mismas, culpa por no disfrutar cada momento como «se supone que hay que hacer», dificultad para disfrutar de la maternidad o la paternidad tal y como esperaban.
La psicología perinatal no es solo para quien ha dado a luz. La llegada de un hijo transforma también la relación de pareja —la distribución de tareas, la intimidad, el tiempo disponible para cada uno— y el equilibrio familiar completo.
Trabajar esto conjuntamente, cuando es posible, suele facilitar mucho la adaptación de toda la familia, y previene que la carga emocional recaiga de forma desproporcionada sobre una sola persona.
Aunque se habla menos de ello, los padres también pueden experimentar sintomatología depresiva o ansiosa tras el nacimiento de un hijo —por el cambio de rol, la falta de sueño, la presión económica o el sentirse «en segundo plano» en los cuidados.
Es un motivo de consulta legítimo y cada vez más frecuente.
Acude al psicólogo si para empezar a mejorar cuanto antes si:
Busca ayuda profesional de inmediato. No es algo que deba esperar a «ver si mejora sola».